Artrosis de Rodilla

La articulación de la rodilla la forma el fémur, la tibia y el peroné cuyas superficies están cubiertas por el cartílago articular, conteniendo estructuras ligamentosas y meniscales. La degeneración paulatina del cartílago conduce a la aparición de dolor con la actividad física, incapacidad variable para caminar y permanecer de pie, así como la deformidad progresiva de la rodilla.

Es característico tener dolor y rigidez al intentar levantarse y que, cede progresivamente con el reposo.

Inicialmente, se tratará de forma conservadora con fármacos antiinflamatorios y analgésicos, pudiéndose llegar a usar fármacos opiáceos. Cuándo el grado de incapacidad sea elevado, el traumatólogo deberá valorar la indicación de colocación de prótesis de rodilla.

No obstante, cuando la cirugía no es una opción bien por la edad temprana de aparición o por la comorbilidad que presenta el paciente, se deben valorar otras posibilidades terapeúticas. Según el grado de artrosis, afectación de la funcionalidad y edad, se dispondrán de distintas alternativas intervencionistas desde la unidad del dolor:

  • Bloqueo intraarticular de rodilla: Es una técnica que se realiza guíada por ecografía. Se localiza nuestro objetivo y con una aguja que visualizamos en todo momento con el ecógrafo, se administra anestésicos locales y corticoides.
  • Viscosuplementación: se trata de la administración de ácido hialurónico en el interior de la articulación para mejorar el nivel de analgesia y funcionalidad. Está indicado en pacientes jóvenes y grado de artrosis I/II.
  • Inyección de Plasma Rico en Plaquetas o Células Madres: Estos procedimientos denominados “medicina regenerativa” tiene indicación en pacientes jóvenes y grado de artrosis I/II. Pretende regenerar el cartílago y mejorar la funcionalidad. Será su médico especialista el que le aconseje cuál de los dos tratamientos puede ser más indicado en su caso. Mas información sobre PRP y células madres
  • Radiofrecuencia de los nervios geniculados: Es una técnica que se realiza guíado por fluoroscopia (rayos X) o ecografía. De forma selectiva se abordan los distintos nervios geniculados. Para comprobar su correcta localización, se realiza una estimulación sensitiva y motora, donde el paciente deberá sentir hormigueos, calor o dolor por la zona de su dolor. Una vez que estamos seguros de su localización, se comienza el tratamiento de radiofrecuencia convencional. Está indicada en pacientes de edad avanzada y grado III/IV de artrosis. Adicionalmente se puede realizar un bloqueo del nervio safeno interno o ramas del obturador. Mas información radiofrecuencia

Todas las técnicas son ambulatorias y no requieren ingreso.

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